Amalia Flores nació en Cuba, en el seno de una familia pobre, marcada por la violencia doméstica y el fanatismo religioso. De niña prefería refugiarse en su imaginación para escapar de una realidad brutal. Aunque le fue negada la posibilidad de continuar sus estudios secundarios por la ignorancia y obstinación familiar, sumado al caos económico que vivía el país en ese momento, encontró maneras de canalizar su frustración haciendo de escribir su refugio y redención. Su propia vida ha resultado ser “una fuente inagotable de inspiración” para ella y por esa razón la mayoría de sus relatos tienen matices autobiográficos.

